Hay muchas personas que tienen que dejar el lugar donde nacieron, por trabajo o por otras circunstancias más desfavorables.
Cada uno de nosotros, cuando esto ocurre, afrontamos el cambio de la mejor manera que sabemos.
Todos terminamos haciendo nuestra vida en ese otro lugar, aunque echemos de menos nuestros orígenes.
Sin embargo la vida sigue, y aunque no estemos en la que era nuestra casa, terminamos por adaptarnos y de formar parte de ese otro lugar, al que terminamos por considerarlo nuestro hogar.
En realidad, todos pasaremos por estas circunstancias.
Antes o después, tendremos que dejar nuestra casa o nuestra tierra, y por ello tenemos que ser conscientes de que el apego a un lugar o a una casa, tan sólo nos traerá problemas.
Todos somos emigrantes.
Unos porque han de dejar su país de origen, otros porque han de cambiar de comunidad o ciudad, y otros porque han llegado a una edad o porque necesitan más cuidados y han de abandonar su casa.
Podemos prepararnos desde ya, para que el cambio sea relativamente suave.
Puedes imaginarte que has de cambiar de país, o de ciudad o de casa.
Piensa que es lo que sentirías si eso te ocurriera.
Siente donde está realmente tu hogar.
¿Es dónde vives ahora o donde estuviste viviendo?
No creas que todo se acaba si has de dejar tu país, ciudad o casa.
La vida siempre se abre paso.
Allá donde estemos, allá donde viviremos, estará nuestro hogar.
Porque…
Somos de donde vivimos.
lunes 9 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
.png)



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada